El problema
En una plataforma legal, una pantalla no es solo presentación. Lo que la interfaz permite, bloquea o registra puede afectar el proceso operativo.
Cuando los estados se representan con flags dispersos, aparecen combinaciones imposibles: acciones disponibles cuando no deberían, pasos salteados o validaciones duplicadas en distintos lugares.
La decisión
El trabajo se enfocó en volver explícito el modelo de estado. Las transiciones importantes pasaron a estar nombradas, y la UI dejó de depender de inferencias frágiles.
Los micro-frontends ayudaron cuando marcaban límites reales de producto y ownership. La separación no era una abstracción por sí misma, sino una forma de proteger contextos con reglas diferentes.
Trade-offs
Modelar estados exige discutir casos borde. Esa conversación puede parecer lenta al principio, pero evita que la complejidad aparezca después como bugs difíciles de reproducir.
La arquitectura resultante permitió razonar mejor sobre permisos, pasos y responsabilidades.
Resultado
Clara ganó una UI más alineada con el proceso que representaba. Los estados inválidos quedaron más lejos del usuario y más cerca del modelo, donde podían controlarse.
La lección fue que en dominios regulados la claridad del estado es una forma de confiabilidad.